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¡Tú toca bebop y calla! Pero el joven David Murray de ninguna manera iba a doblegarse: su territorio iba a ser el estado del jazz libre, la última zona sin conquistar que podía encontrar un jazzista a finales del siglo XX. Allí, este metodista por nacimiento se toparía con el terreno de Coltrane y las tentaciones de Ayler, que lo orientaron hacia los espirituales negros. Hoy, a sus 53 años, David tiene grabados más de 220 álbumes en los que se perfila esa trayectoria...
De la biografía de David Murray escrita por Blaise Makossa (2000)
Pero antes de emprender ese “recorrido por el tiempo” David Murray se había abierto ya camino brillantemente en la historia del jazz. Nacido en Oakland, se crió en Berkeley y estudió con Catherine Murray (organista y madre de David), Arthur Blythe y muchos otros antes de dejar el Pomona College (Los Ángeles) en 1975 para irse a Nueva York. Allí conoció a Cecil Taylor, con quien tocó, y que, junto a Dewey Redman, contribuyó a darle al joven músico los ánimos que necesitaba. En Nueva York se producirían también otros encuentros con personas y músicas de todos los horizontes: Tony Braxton, Oliver Lake, Don Cherry, Hamiet Bluiett y Lester Bowie. En 1976, después de una gira por Europa, David Murray formó el primero de sus grupos míticos: el World Saxophone Quartet, con Oliver Lake, Hamiet Bluiett y Julius Hemphill. Fue el principio de una época cada vez más creativa. Con músicos como Max Roach, Randy Weston o Elvin Jones, David Murray realizó trabajos de la mayor amplitud posible hasta el año 1978, en que formó su propio cuarteto, que después fue octeto y, por último, quinteto. A partir de este momento, se centra más en sus propias formaciones, aunque también trabaja frecuentemente con otros músicos, incorporando toda una gama de sonoridades distintas, desde cuerdas, hasta tambores ka de Guadalupe y músicos y bailarines sudafricanos. Entre los premios obtenidos por David Murray figuran un Grammy y varias nominaciones, el premio danés Jazzpar, o la consideración de músico de la década (de los ochenta) por el Village Voice.
La música de Murray arranca del movimiento post-free, cominando las innovaciones del jazz libre de los años setenta con el jazz de Nueva Orleáns, encontrando siempre la mejor combinación possible entre vanguardia y tradición negra. Se caracteriza por su efecto de paroxismo y su sonido estridente y extremo. Extrae elementos explícitos de las tradiciones africanas y representa el retorno a un sonido de mayor crudeza.
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